viernes, 3 de octubre de 2014

Palabras que acarician

Si fuera piel y no un teclado lo que tus dedos rosan al escribir esas cosas, sé que serías el hombre más feliz del mundo. Si al momento de hablar tus palabras se conviertieran en besos,  estarías extasiado y dirías más poesía de la que ya dices. 

Usas frases que encantan a cualquiera. Eres inteligente, sutil; sabes qué decir y cuándo decirlo, y cuando observas que la sutileza esta perdiendo encanto, te vuelves directo y expresas tu sentir sin dejar la cortesía. 

Las palabras son tus amantes. Son como chicles que saboreas con placer antes de hacer una bomba, las disfrutas, sientes su sabor dentro de tu boca, y al igual que una bomba de chicle, explotan con ternura y delicadeza al llegar a los oídos de la persona a la que se las dices. 

La elegancía siempre ha ido de tu mano, la coquetería es parte de tu día a día, y si tus manos pudieran hacer lo que dicen tus labios tendrías un día lleno de placer. 

Es inevitable sentir un cosquilleo cada vez que leo tus palabras, éstas se quedan grabadas en mi cabeza y al repetirlas puedo sentir como recorren mis oídos como una brisa; como ese cosquilleo que sientes cuando algo rico va a pasar. 

Tal vez no lo admita nunca, pero sí de algo eres capaz es de provocarme cierto nerviosismo, una timidez que hace mucho no sentía, y aunque sé que jamás seremos algo serio, nunca esta de más divertirnos un rato.