Es difícil ver tus publicaciones y no fantasear con que algún día una de ellas sea para mi. Es difícil ver tus publicaciones, punto. Es difícil porque quisiera interactuar contigo, comentarte, escribirte algo; digo a veces lo hago pero no suelo comentar cosas interesantes como lo haces tus otros amigos, o mejor dicho, tus amigas.
Quisiera ser como tus amigas y ponerte cosas como "que guapo eres" o no se cositas así, pero obviamente no puedo. Eres muy bonito, eres especial, no sé, hay algo en ti que en verdad me agrada, no sé que es pero me tiene cautiva.
Quiero hablarte, quiero conversar contigo, saludarte, publicarte algo, algo chiquito pero algo al fin.
A veces recuerdo cuando platicábamos; aquel tiempo cuando eramos compañeros de clase, esos momentos cuando platicabas conmigo antes de que comenzara la clase, eran momentos equis, nunca les dí importancia porque no eras tan importante para mi. Siempre has sido muy amable y eso siempre me agradó de ti, siempre me trataste con mucha amabilidad y eso te lo agradezco mucho.
En este tiempo me he dado cuenta de ese lado sensible que tienes, digo siempre supe que eras tranquilo y sensible pero no sé, leer esos comentarios tan detallistas que escribes de repente me tienen cautivada, me sorprenden.
En esos comentarios veo un alma sensible y tierna, y quisiera platicar contigo, sólo eso, platicar. Aunque reconozco que tengo muchas ganas de verte otra vez. Hablarte en persona, saludarte, escuchar tu voz, saber si todavía podemos hablar tan tranquilamente como lo hacíamos antes, si me puedes hablar con la misma fluidez con la que lo hacías antes.
Aunque para ser honesta, no se si en verdad soy yo o es mi soledad la que quiere hablar contigo. Honestamente digo que eres bello, que eres un amor, que eres adorable y en verdad quiero cautivarte, interesarte, publicarte algo que te deje con ganas de hablar conmigo, o publicar una foto mía que haga que quieras decirme lo bonita que me veo, como lo hiciste una vez hace mucho tiempo.
Mientras decido que hacer conmigo seguiré fantaseando las mismas burradas que fantaseo cuando estoy soltera.
miércoles, 30 de octubre de 2013
lunes, 7 de octubre de 2013
El fruto que jamás probaré
La princesa se dirigía a su habitación, había sido un día largo y difícil y se sentía cansada después de haber visitado a cada feudal para conocer sus necedades. Lo que más le fatigaba era el tener que disimular su nerviosismo cada vez que se encontraba con Lord Eduardo, ese hombre que empezaba a ganarse su corazón poco a poco.
Cuando abrió la puerta de su habitación se detuvo con un sobresalto:
- ¡Uriel!
-Buenas noches su majestad- le contesto el caballero. Como cada noche, Uriel se metía a hurtadillas a la habitación de la princesa, esperando obtener un poco de su amor, ese amor con el que él había soñado tener desde el primer momento en que la vio. La princesa cerró rápidamente la puerta, no quería que nadie se diera cuenta de sus encuentros nocturnos con Uriel.
Nadie debía saber de sus encuentros, y no porque fuera un pecado, de hecho no había nada de malo en que la gente supiera de su amorío con Uriel, el problema era que no era realmente un amorío. La princesa ocultaba ante la gente estos encuentros porque se sentía avergonzada con ella misma, no por el hecho de dejarse acariciar por uno de sus caballeros, sino por el hecho de saber que se estaba aprovechando de los sentimientos de éste. Él la amaba, pero ella a él no, ella aprovechaba esas escabullidas para desahogar sus pasiones con él. Después de pasar casi todo el día con Lord Eduardo, platicando con él, sintiéndolo cerca sin poder expresarle sus verdaderos sentimientos era algo que la mataba por dentro, y de pronto tener a este joven caballero dispuesto a complacerla en lo que quisiera era una oferta demasiado tentadora y nunca pudo rechazarla.
Todas las noches era lo mismo, ella iba a su habitación y siempre encontraba a Uriel esperandola en su cama. Después de cerrar la puerta Uriel se puso de pie y comenzó a acercarse a la princesa, quería besarla como todas las noches. La tomó suavemente del rostro y la beso con la misma pasión con la que la besa todas las noches, incluso en sus sueños. Ella correspondió a ese beso y como siempre, pasó su mano frente al rostro de Uriel y le puso el rostro de Eduardo; era algo que hacía todas las noches, sino nunca se atrevería a ponerle una mano encima a Uriel. Y no porque no fuera guapo, Uriel era el caballero más guapo de su corte, pero era también unos cuantos años más joven que ella, y eso la carcomía por dentro. Aprovecharse de su amor y también de su juventud era algo que le pesaba mucho.
Siguieron besandose apasionadamente y poco a poco llegaron a la cama. La princesa se detuvo, siempre se detenía justo antes de que algo fuerte ocurriera entre los dos. Nunca se perdonaría a si misma el tener un encuentro tan intimo con Uriel, así que cada vez que sentía que la pasión la iba a consumir, se detenía, con su mano cerraba lentamente los ojos de Uriel, chasqueaba los dedos y lo desaparecía de su habitación para aparecerlo después en la cama de él, haciendole creer que todo había sido un sueño.
Justo cuando la princesa iba a hacerlo desaparecer, Uriel le detuvo la mano.
- No su majestad, esta noche no
-¿De qué estas hablando, Uriel?
-De que ya se porqué siempre me cierra los ojos justo cuando vamos a amarnos
-Sigo sin saber a qué te refieres
-Por favor su alteza, no lo haga, yo la amo
Cuando abrió la puerta de su habitación se detuvo con un sobresalto:
- ¡Uriel!
-Buenas noches su majestad- le contesto el caballero. Como cada noche, Uriel se metía a hurtadillas a la habitación de la princesa, esperando obtener un poco de su amor, ese amor con el que él había soñado tener desde el primer momento en que la vio. La princesa cerró rápidamente la puerta, no quería que nadie se diera cuenta de sus encuentros nocturnos con Uriel.
Nadie debía saber de sus encuentros, y no porque fuera un pecado, de hecho no había nada de malo en que la gente supiera de su amorío con Uriel, el problema era que no era realmente un amorío. La princesa ocultaba ante la gente estos encuentros porque se sentía avergonzada con ella misma, no por el hecho de dejarse acariciar por uno de sus caballeros, sino por el hecho de saber que se estaba aprovechando de los sentimientos de éste. Él la amaba, pero ella a él no, ella aprovechaba esas escabullidas para desahogar sus pasiones con él. Después de pasar casi todo el día con Lord Eduardo, platicando con él, sintiéndolo cerca sin poder expresarle sus verdaderos sentimientos era algo que la mataba por dentro, y de pronto tener a este joven caballero dispuesto a complacerla en lo que quisiera era una oferta demasiado tentadora y nunca pudo rechazarla.
Todas las noches era lo mismo, ella iba a su habitación y siempre encontraba a Uriel esperandola en su cama. Después de cerrar la puerta Uriel se puso de pie y comenzó a acercarse a la princesa, quería besarla como todas las noches. La tomó suavemente del rostro y la beso con la misma pasión con la que la besa todas las noches, incluso en sus sueños. Ella correspondió a ese beso y como siempre, pasó su mano frente al rostro de Uriel y le puso el rostro de Eduardo; era algo que hacía todas las noches, sino nunca se atrevería a ponerle una mano encima a Uriel. Y no porque no fuera guapo, Uriel era el caballero más guapo de su corte, pero era también unos cuantos años más joven que ella, y eso la carcomía por dentro. Aprovecharse de su amor y también de su juventud era algo que le pesaba mucho.
Siguieron besandose apasionadamente y poco a poco llegaron a la cama. La princesa se detuvo, siempre se detenía justo antes de que algo fuerte ocurriera entre los dos. Nunca se perdonaría a si misma el tener un encuentro tan intimo con Uriel, así que cada vez que sentía que la pasión la iba a consumir, se detenía, con su mano cerraba lentamente los ojos de Uriel, chasqueaba los dedos y lo desaparecía de su habitación para aparecerlo después en la cama de él, haciendole creer que todo había sido un sueño.
Justo cuando la princesa iba a hacerlo desaparecer, Uriel le detuvo la mano.
- No su majestad, esta noche no
-¿De qué estas hablando, Uriel?
-De que ya se porqué siempre me cierra los ojos justo cuando vamos a amarnos
-Sigo sin saber a qué te refieres
-Por favor su alteza, no lo haga, yo la amo
La princesa se pone de pie y se aleja un poco de Uriel.
-Uriel, perdoname, pero no puedo
-¿Por qué no? ¿es que no soy suficientemente hombre para usted?
-No es eso Uriel, eres encantador, pero...
-¿Pero qué? yo la amo, quiero estar con usted
-Uriel, eres muy lindo, eres un amor de persona, pero yo no soy para ti.
-¿Por qué me dice esto a mi? Yo la amo, yo quiero estar con usted, yo quiero que me ame.
-No puedo- le dijo de manera firme y sin flaquear.
-¿Por qué no?
-Porque eres más joven que yo, Uriel, y no quiero tenerte atado a una mujer como yo
-Pero su majestad, ¿qué son tres años de diferencia?
-Para mi son muchos, yo quiero a alguien maduro en mi vida
-Yo soy lo suficientemente maduro para usted
-No es cierto, Uriel. Mira, yo necesito a alguien con quien casarme, digo no ahora pero pronto, quiero que mi siguiente pareja sea mi última pareja, y no creo que tu quieras casarte pronto.
-Bueno... hay tiempo para eso
-Ves a que me refiero. Tu eres joven, mereces disfrutar tu juventud al máximo, mereces estar con una mujer que no piense en matrimonio, no ahora, es más, mereces estar con muchas mujeres, no al mismo tiempo, pero mereces disfrutarte un poco.
-Su majestad
-Uriel
Uriel se recostó en la cama y dejó que la princesa le cerrara los ojos y lo mandara de vuelta a su habitación, con la diferencia de que esta vez él estaba consiente de que nada había sido un sueño.
-Uriel, perdoname, pero no puedo
-¿Por qué no? ¿es que no soy suficientemente hombre para usted?
-No es eso Uriel, eres encantador, pero...
-¿Pero qué? yo la amo, quiero estar con usted
-Uriel, eres muy lindo, eres un amor de persona, pero yo no soy para ti.
-¿Por qué me dice esto a mi? Yo la amo, yo quiero estar con usted, yo quiero que me ame.
-No puedo- le dijo de manera firme y sin flaquear.
-¿Por qué no?
-Porque eres más joven que yo, Uriel, y no quiero tenerte atado a una mujer como yo
-Pero su majestad, ¿qué son tres años de diferencia?
-Para mi son muchos, yo quiero a alguien maduro en mi vida
-Yo soy lo suficientemente maduro para usted
-No es cierto, Uriel. Mira, yo necesito a alguien con quien casarme, digo no ahora pero pronto, quiero que mi siguiente pareja sea mi última pareja, y no creo que tu quieras casarte pronto.
-Bueno... hay tiempo para eso
-Ves a que me refiero. Tu eres joven, mereces disfrutar tu juventud al máximo, mereces estar con una mujer que no piense en matrimonio, no ahora, es más, mereces estar con muchas mujeres, no al mismo tiempo, pero mereces disfrutarte un poco.
-Su majestad
-Uriel
Uriel se recostó en la cama y dejó que la princesa le cerrara los ojos y lo mandara de vuelta a su habitación, con la diferencia de que esta vez él estaba consiente de que nada había sido un sueño.
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